martes, 5 de octubre de 2010

A mi lado hay un hueco libre...

En el tremendo esfuerzo por intentar enriquecerme viajo  en autobús a la facultad. Pretendo escuchar música y leer en el tiempo que dura el trayecto. Escucho Chopin, recién estrenado en mi mp3 hortera, y leo 1984.

Los pequeños detalles a veces son grandes barreras que te impiden progresar.

A mi lado, un chico medio hecho, poco espabilado, amamonao perdío vamos, se sienta. Es un torbellino. Se mueve , mira para todos lados, se le caen las cosas...pero todo lo que hace es fruto de su timidez y su miedo al mundo. Se le nota.

En la siguiente parada suben al viaje dos chicos, de menos edad que la mía, recién estrenaditos en la Universidad. Son conocidos de mi compañero de viaje. Claramente, le hablan por cortesía.  Mi compañero de viaje y los dos nuevos se sumergen en una conversación donde las disoluciones, reacciones, dibujo técnico e idiomas parecen salir de la misma por el torrente tan alto que emplean al hablar ( a 20 cms de distancia que separa a cada individuo del otro).  No paran, erre que erre, bla bla bla bla bla....Hablan de ellos, de sus intereses comunes, de materias que conocen y comparten...pero gritan demasiado.

Mi atención, que es como una mosca que acude al hedor de una mierda, se va enseguida a cualquier conversación ajena, o no tan ajena. Cierro el libro, no puedo concentrarme en la lectura. Apago el mp3. Es imposible escucharlo por más volumen que le doy. ¿qué hago? pues decididamente centro mi atención visual al sol que entra por la ventana del bus y la atención auditiva se queda en la conversación de mis compañeros de viaje.

Inmediatamente se sienta una pareja que se muestra su amor delante mía. De repente, todos bajan en su destino y me quedo sólo. En silencio. Mirando a la nada... 

Pienso en el hueco que se ha quedado libre a mi lado, vacío, ausente...

Pronto pongo mi bolsa en él. No quiero sentirme sólo. Una reacción tonta quizás, pero ha funcionado.

Con este viaje no quiero más que demostrarme a mí mismo la necesidad  que tengo de prestar atención a todo lo que me rodea. Necesito mirar, observar, escuchar todo cuanto sucede a mi alrededor. La otra gran necesidad que tengo es ocupar ese hueco vacío de mi lado, porque no me gusta sentir ese frío a mi vera... A veces necesito algo etéreo como un sentimiento, otras veces algo más material como una sonrisa, otras veces simplemente mi bolsa.

Sol en un brazo, frío en el otro.

1 comentario:

  1. Mi armario se ha postrado ante mí. De él extraigo esa mirada textil hacia las cosas. Unos días se debe mirar con un fondo azul crujiente el mundo, y otros días hago lo imposible por quedarme imaginando estampados sobre rostros amigos.
    De ahí tanta mancha de mestizos colores sobre la propia vida. Día tras día. Algunas permanecen como cicatrices.
    ¿Sol en un brazo y frío en otro?. Es la mejor definición de los colores primarios.

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